martes, 21 de agosto de 2018

El piolet de Trotsky

Posted By: CLAUDIA CORIN - agosto 21, 2018

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Lev Davídovich Bronstein, alias León Trotsky (que era el nombre de su carcelero en Siberia) nació en 1.879 en el seno de una familia judía ucraniana. Era un conocido político y revolucionario soviético, muy cercano a Lenin. Fue uno de los principales artífices de la revolución bolchevique de 1.917. 
Comisionado de asuntos exteriores del gobierno ruso, organizó el ejercito Rojo en la primera guerra mundial y posteriormente fue miembro principal del Politburó. Tras la muerte de Lenin, su enemistad política e ideológica con Stalin le llevó al exilio. Comienza un periplo por distintos países que termina cuando consigue que el presidente Cárdenas le de asilo político en México en 1.937. Fue asesinado en 1.940 por el catalán Ramón Montaner que le clavó un piolet en la cabeza.
Hace pocos años, en el 2.005, reapareció el piolet con que fue asesinado. La hija de un agente del servicio secreto mexicano, intentó vendérselo a un nieto de Trotsky y éste hizo público el hecho y a partir de ahí, entrevistas y toda la parafernalia mediática. El piolet todavía conservaba restos de lo que parecía ser sangre humana.

Lo cierto es que la historia de Trostky y las circunstancias que rodearon su muerte superan en complejidad al argumento de la más enrevesada novela negra que pueda uno imaginarse. Trotsky vivió sucesivamente en Kiev, Moscú, Londres, París, Nueva York, y más tarde como exiliado, en Estambul, Dinamarca, Noruega y finalmente en México. En la vida de Trosky han habido revoluciones antizaristas, un par de guerras mundiales, espias, agentes dobles y hasta triples, conspiraciones internacionales, deportaciones, exilios, adulterios, intentos de suicidio, seducciones por intereses políticos, sicarios, etc.

Merece la pena recordar las circunstancias que rodean su muerte:

Tras el periplo europeo, su llegada a México en 1.937 fue facilitada merced a su amistad con el conocido pintor Diego Rivera que les acogió a él y a su mujer en su "Casa Azul" de Coyoacán. Fue precisamente Frida la que acudió a recibirlos al aeropuerto. Al poco tiempo de llegar a México, Trotsky y ella se hicieron amantes.

Stalin no satisfecho con el exilio de su enemigo, ordenó la muerte de Trotsky, para lo que solicitó los servicios de Leonid Eytingon, un miembro del NKVD "Naródniy Komissariat Vnútrennij Del" (Comisariado del pueblo para asuntos internos, antigua Cheka y futura KGB).
Eytingon se encontraba en España en plena guerra civil, en donde se le conocía como "General Kotov". Allí contactó con Caridad Mercader, que conocía de haber sido amantes en París y que estaba participando activamente en la guerra civil en el bando republicano como comisaria política de la columna Durruti.

Caridad implicó en la conspiración a su hijo Ramón Mercader. Éste era un joven atractivo de 1.85 de altura, culto, educado y de costumbres refinadas, que sabía hablar perfectamente español, catalán, francés e inglés.

El plan consistía en que Mercader entrara en contacto con Sylvia Ageloff, una neoyorquina próxima a Trotsky, y ganarse su confianza consiguiendo que se enamorara de él. De esa forma Ramón podría estar cerca de Trotsky, llegado el momento, sin levantar sospechas.

Mercader se trasladó a París, y allí adoptó el alias de Jacques Mornard, haciéndose pasar por un rico estudiante belga de buena familia. Se arregló que Sylvia Ageloff visitaría París, acompañada de una amiga llamada Gertrude, que no era otra cosa que otra espía de la NKVD (en realidad se llamaba Ruby Well). El encuentro tuvo lugar en un restaurante y aunque suene muy cinematográfico, lo cierto es que en la primera cita ya consiguió el corazón de Sylvia, que a partir de ese momento le amó ciegamente el resto de su vida. Alucinante.

En 1.940 la pareja se trasladó a México, y allí Mercader volvió a cambiar de identidad, haciéndose pasar por un comerciante canadiense de nombre Frank Jackson. Sylvia Ageloff volvió a tragar con las mentiras con las que justificó esta nueva personalidad.

El complot contra Trotsky estaba servido, y en mayo del 40 se organizó el primer acto. Robert Sheldon Hart, un guardaespaldas de Trotsky, que era un doble agente, facilitó un primer atentado. Nada menos que 20 hombres penetraron una noche a oscuras en la casa de Trosky, disparando más de 400 tiros sin que lograran tener éxito (¡¡¡). Se dice que estaban medio borrachos del tequila que se habían tomado para darse ánimos. Los guardaespaldas de Trotsky consiguieron expulsar a los intrusos deteniendo a algunos de ellos.

A finales de agosto le tocó actuar a Ramón Mercader. Segundo y definitivo acto. Con la excusa de que le corrigiera un texto, consiguió quedarse a solas con Trotsky en su despacho. Iba armado con una pistola, un cuchillo y un piolet con el mango recortado para que pudiera ocultarlo bajo la chaqueta. Se decidió por el piolet y cuando Trotsky leía, le descargó un tremendo golpe en la cabeza. Trotsky no murió en el acto, dio un grito terrible y se lanzó sobre Mercader mordiéndole una mano. Los guardaespaldas atraparon a Mercader.

Su prometida Sylvia, cuando se enteró, al darse cuenta de que el que creía su amado se había aprovechado de ella para matar a su admirado líder, desesperada, se intentó suicidar. Por fortuna no tuvo éxito. Trotsky murió al día siguiente 21 de agosto de 1.940.
Ramón Mercader fue juzgado y condenado a 20 años de prisión.

Tras cumplir la pena se trasladó a la URSS, en donde el presidente del KGB, Alexander Nikolaiévich Shelepin le impuso la medalla de "Héroe de la Unión Soviética". Mercader se convirtió en miembro del partido comunista por una decisión especial del Comité Central, y a petición directa de Dolores Ibárruri, la “Pasionaria”, fue nombrado investigador del Instituto de Marxismo-Leninismo. A él y a su esposa se les facilitó una dacha cerca de Moscú. Mercader recibía dinero del Comité Central y del KGB, una pensión equivalente a la de un general de división retirado. A mediados de los 60 abandonó Moscú para viajar a Cuba, donde trabajó como asesor de Fidel Castro. Murió en 1.978 y su cuerpo fue trasladado clandestinamente a Moscú. Está enterrado bajo el alias de Ramón Ivanóvich López, héroe de la Unión Soviética. en una tumba próxima a la del famoso espía inglés Kim Philby, en el cementerio Kuntzevo de Moscú, reservado a los Héroes de la Unión Soviética.

Ramón Mercader afirmó que se había comprado el piolet en Suiza con intención de ascender el Popocatepetl (5.500 m), aunque se cree que era mentira, y que realmente lo robó en Mexico. El famoso Piolet se parece mucho (yo diría se trata del mismo) a uno de los primeros modelos de la marca suiza Fritsch, de Zurich, de la década de los 20. Es un modelo de líneas muy puras, con un pico relativamente corto y en marcado ángulo recto con el mango, como los de esa época. En este modelo destaca la larga, ancha y elegante pala.

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